La situación global y nacional con respecto al ser humano, al significado más profundo de su presencia en este planeta, comienza a ser cuestionada por muchos. Quizás no es la primera vez en la historia de la humanidad que el hombre se ve presionado por su entorno al grado de sentirse en muchos casos asfixiado, pero pareciera que es por primera vez que éste comienza a tomar mayor conciencia de su situación y de su “sí-mismo”. Sin embargo, esta toma de conciencia, aunque positiva en la senda hacia una solución y recuperación, no siempre implica una sanación total. Debe el ser humano entrar en una búsqueda interna intensa y esclarecer mecanismos que no partan desde una plataforma ego-centrista sino que integradora desde el primer instante. (El budismo lo llama buscar el conocimiento prístino que yace dentro de todos y que es naturalmente altruista.) Ante esta búsqueda, manifestada a raíz de una ‘toma de conciencia’ y que en muchos casos deja al sujeto en un estado de angustiante perplejidad, aparecen como salvavidas flotando luego de un ‘titánico’ naufragio, las ofertas en el mercado; prácticas espirituales que prometen soluciones en el dolor con técnicas que otorgan felicidad, armonía e incluso prosperidad económica.
En tiempos antiguos, los consejos de un sabio eran escuchados pero siempre debían ser escrutados y analizados, no porque reinara la desconfianza, sino que porque se le daba cabal importancia a los resultados de una búsqueda interior llevada a cabo a través de una meditación analítica inteligente. Generalmente estos resultados eran empáticos entre sí y concluían con un factor sanador que trascendía la individualidad y el egocentrismo. Estas técnicas se difundieron hace más de 2600 años con un propósito honesto y benéfico, en donde la responsabilidad y la ética jugaban un papel primordial.
Hoy, el hombre debe lidiar con un apuro y apego neurótico individualista que lo oprime y que en el mejor de los casos le señala buscar una “salvación rápida” que principalmente se centre en sí mismo, en su propio confort y bienestar. No tiene tiempo para la reflexión, prima en él el apuro por la sobrevivencia material, en un mundo que le exige efectividad al 100%, sin compasión alguna y resultados concretos que beneficien a una sociedad que ya se ha inscrito en la carrera consumista. Entonces, forzado a buscarle un sentido a la vida, recurre a uno de esos salvavidas, compra un paquete de estudios que le proporcionan información fácil de digerir, que no le tome mucho tiempo, pero que, de algún modo, le alivia su conciencia pensando que está haciendo algo al respecto y que esto le proporciona una mejor acogida en su grupo social. El estudio de mercado con su ojo oportunista, sin embargo, no dejará pasar esta oportunidad tampoco y le brindará a este hombre lo que está necesitando angustiosamente.
Se manifiesta así, la ley de la interdependencia, lo que se añora y anhela con tanta intensidad genera una reacción. Sin embargo, en muchos casos la respuesta no es lo suficientemente profunda como para generar alivio, además proviene del exterior, es autoritaria y majaderamente consejera, no conoce el interior de cada individuo, consecuentemente la ansiedad se vuelve a apoderar de éste y el mundo se siente girar como en una licuadora.
Sabios de antaño, hablaron de la influencia y poder de nuestro pensar, ese evento mental tan trivialmente ejercido por todos es capaz de proporcionar un efecto que puede ser poderosamente positivo o negativo, por lo tanto se requiere de un análisis y de un estudio profundo acerca de sus características y funciones. Solo así se logrará comprender nuestro actuar y su interacción dentro del planeta.
Ana-María Clasing
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